martes, 12 de abril de 2022

Tierra en la tierra

 


                                     House of Parliament Sunlight, por Claude Monet. 


Para cuando levante la tristeza

subiré donde pueda

sentir cómo se aleja el horizonte,

cómo me lleva el tiempo

más allá de este tiempo,

tierra en la tierra, hierba

en la hierba. Musgo

sobre las altas rocas de los montes.

 

domingo, 26 de diciembre de 2021

La calle si naufragas. Contra el olvido.

 

En marzo de 2020 se declaró en España el estado de alarma ante la amenaza de una pandemia que avanzaba sin freno.

Las escuelas se cerraron. Se cerraron comercios, restaurantes, tiendas, bibliotecas, la calle como lugar de encuentro, de trabajo. Se cancelaron los conciertos, los recitales, los teatros. Se cerraron las oficinas del paro, de la Seguridad social, los servicios sociales…en medio de una masiva destrucción de empleo, el acceso a los recursos y prestaciones públicas comenzó a reducirse a un teléfono que siempre comunicaba, o a páginas de internet en las que muchas de las personas afectadas no podían o no sabían manejarse.

Quienes trabajaban con contratos, perdieron su empleo y tuvieron que esperar durante meses para recibir las prestaciones sociales a que tenían derecho pero que no llegaban nunca. Quienes trabajaban en la economía sumergida, simplemente, nada podían esperar.

Las ayudas que los ayuntamientos, las comunidades autónomas y el Estado tenían la obligación de prestar no contaron con los recursos humanos necesarios que pudieran hacerlas realidad. Ni los había ni fueron contratados. Las ayudas a las pequeñas y medianas empresas fueron entregadas a los bancos para que estos decidieran a quién y cómo en lo que terminó pareciendo un nuevo rescate a la banca.

A la emergencia sanitaria le acompañó casi de inmediato una emergencia alimentaria. Las colas del hambre eran sólo la imagen de la realidad de los impagos de la casa, la luz, el gas, una realidad lacerante que alcanzó de un solo golpe a miles y miles de familias.  

Mientras los sistemas públicos que debían dar respuesta a esta situación quedaban colapsados y fallaban trágicamente, la solidaridad vecinal puso en pie centenares redes de ayuda que facilitaban ropa y comida.

La vida se convirtió para demasiadas personas en ese callejón sin salida por el que intentaban avanzar llevando a sus niños, a sus niñas, de la mano.

Dormir era difícil, despertarse significaba volver a enfrentar la pesadilla.

En esa angustia, nadie podía acompañarlos.





jueves, 2 de diciembre de 2021

Imborrable y preciosa

 


                                                                                                 Para que tú lo sepas


Se hizo la claridad voz en sus labios,
luz en sus ojos, transparencia.
Se hizo de rebelión y de dulzura
su vida de mujer, y el fuego
se hizo calor humano en la acogida,
arma para el combate contra todo
lo que tuerce la vida, lo que mancha
el derecho a la vida.
Quizás se ha desgastado la palabra suerte
para decir la suerte de que sea,
ella aquí, con nosotras,
con nosotros.
Imborrable y preciosa.


jueves, 25 de marzo de 2021

tu voz, su voz, sus nombres, nuestros nombres…

 Acababa de morir mi padre cuando leí “Todos los Nombres”. Buscaba en la palabra sencilla y sabia de su autor un escondite a mi dolor. (Un dolor lacerante, desesperado y brusco que no me ha abandonado todavía  pero con el que he ido aprendiendo a convivir de forma que me deja reír y disfrutar, a pesar de sus asaltos repentinos).

 Buscaba un escondite pero, leyendo aquella extraña  historia, tan hermosa, me encontré una lección: aquellos y aquellas a quienes amamos pueden morir, pero no debemos archivarles en nuestro corazón, ni desterrarles de la vida. Aquí están, en la certeza de saber lo que dirían si vieran esto o supieran aquello.  En el modo en que doblamos un pañuelo o en la obediencia postrera y permanente  con que nos colocamos la bufanda si hace frío.

 Sus cosas, enredadas con las nuestras, dan fe de su vigencia. Su amor o su amistad nos sigue acompañando y protegiendo, y si dejar que continúen en la vida no contribuye a que olvidemos la herida  de su ausencia, sí nos permite rescatar  todo lo que nos dieron, dejar que sigan dando, como aquellos y aquellas, más ilustres, con quienes nos peleamos en los libros, en el cine, en la música.

Dirán ustedes que es un discurso inútil decir lo que ya saben  pero, en otras desgracias personales, yo había intentado protegerme del daño por medio del olvido. No pensar, guardar en un baúl, esconder el recuerdo hasta que pase  y queden solo  la pena o la tristeza. Después  pueden volverse a  revisar las cosas que ocultamos a la vista para que no dolieran tanto. Después, puede volverse a recordar con la distancia.  Después, les he perdido de una forma en que siento y he sentido durante muchos años, que no perdí a mi abuela, que murió cuando empezaba mi inquieta adolescencia.

 Porque lo que ese libro me devolvió fue la mirada de mi infancia hacia el hecho incontestable de la muerte. Y entonces,  yo llevaba en mi bolsillo el reloj de mi abuela y lo apretaba en mi mano  para reconfortarme con el recuerdo de sus brazos, y evocaba sus palabras a modo de refuerzo de mis pensamientos, y reconstruía su amor para que pudiera protegerme.

Así que sufrí mucho y mucho tiempo y luego la eché terriblemente de menos cuando nacieron mis hijos y aun la interrogo  a veces, después de treinta años y  disfruto con sus ocurrencias, atiendo a sus consejos y forma parte de mí, como la sangre.

Esto es la vida, una larga corriente que fluye de atrás hacia delante y a los lados. Una cadena de vivencias y revivencias. Las palabras y las cosas de quienes ya no viven mezclándose con quienes siguen compartiendo el camino a nuestro lado. Los cuadros de mi padre, los jerséis de mis hijos, la estatuilla enigmática de Antonio sobre el lugar que le gustaba para ella, los pelos de mis gatos, el refrán preferido de mi abuela, tu voz, su voz, sus nombres, nuestros nombres…todo mezclado cada día, formando el escenario en que sufrimos, amamos, sonreímos, pensamos.

 La manera más fácil de encontrar a los muertos será buscándolos  donde se encuentran los vivos, puesto que a éstos, por estar vivos, los tenemos permanentemente delante de los ojos, dice en el libro del que hablo un personaje para quien la muerte definitiva es el fruto último de la voluntad de olvido.

Quizá  piensen ustedes, como sospecha el personaje,  que de nada les vale nuestra memoria a quienes ya murieron y cada cual se consuela como puede de la muerte cuando viene a rozarnos. Como él hace, tendría que explicarles que sólo de vida he estado hablando aquí, y no de muerte.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Poema de la no Navidad

 


                                                                                        Natividad. Georges de La Tour


Mi amiga viene de sostener la vida

mirándole a los ojos a la gente

que el viento de esta crisis

ha dejado desnuda.

Me dice que escriba este poema,

un poema de la no Navidad,

un poema del vértigo, del frío

que la intemperie sopla sobre el rostro

de quienes se atrevieron a mirarla.

Guardo silencio, pienso

en los nombres de las mujeres solas,

en los nombres de los hombres inermes,

en los nombres de quienes siguen intentando

frente al final de lo posible

proteger a sus hijos de la herida.


Un poema de la no Navidad

tiene que hablar de aquellos y de aquellas

de cuyas vidas rotas

regresamos ahora,

tantos meses después,

sin alegría.

Un poema de la no Navidad

que hable de la trinchera sostenida

contra el hambre y el frío,

de quienes la han cavado, defendido,

de su insomnio y su pena,

monedas de la escucha, pago

de saber que nos atañe siempre

todo el dolor del mundo

lunes, 7 de diciembre de 2020

Infancias







Laura vuela gloriosa sobre su patineta
y Alejandro
deja caer su moto por la rampa
para observar el giro constante de las ruedas.
Cuatro años y el cielo
parece un mar, y el mundo
se va haciendo de nuevo
con cada paso dado
más allá de lo exacto.
Y todo
lo que un día llamarán rutina
es la aventura intensa
de una infancia feliz.

Más al sur, otras costas
y otras infancias que el dolor devora,
y la orfandad, y el miedo,
y el desconsuelo, minan.

Más allá de las tapias
de este patio seguro,
cada cinco segundos muere un niño,
muere una niña. Mueren
en la masacre impune y permanente
de la desigualdad.
                                     
                A Laura y Alejandro, para que sepan.
                   Para que nunca olviden                                  

domingo, 22 de noviembre de 2020

Hielo negro y escarcha

 


                                                                                                        Hieronymus_Bosch. El carro de heno.


                                                        Hielo negro y escarcha

                                                        grande y redonda

                                                                                                                    

Aquí, donde la luz de las farolas sustituye a la luna,

los niños y las niñas

han comenzado a pasar hambre

y a sufrir.

Porque se ha roto el mundo, y sus fragmentos

han ido vaciando la despensa,

apagando la estufa,

borrando los cuadernos escolares,

abriendo los insalvables fosos

de la ansiedad y la miseria.

 

Aquí, donde pensamos que asesinar la infancia

es tan solo un asunto de posguerra,

de los terceros mundos o los lejanos campos

de refugiados,

las niñas y los niños

han comenzado a pasar hambre

a cuenta de los ajustes de plantilla,

de los ajustes de los servicios públicos,

de los extremos

de la comprobación de su pobreza,

del pago de la deuda,

del neto beneficio de quien guarda

la llave de la justicia en su cartera.

 

Pero el hambre es escarcha.